fbpx

Psicología y psicólogos en Bogota Psicología Familiar | Fundanita

Carrera 70D # 48A - 78

Bogotá D.C - Colombia

Lunes a Viernes

7:00 AM - 7:00 PM

Sábados

7:00 AM a 1:00 PM

Sobre Historia Clínica, buen terapeuta y buena persona…

En este ejercicio he querido contestar algunos cuestionamientos propios en mi quehacer como terapeuta y el de mi equipo, pero no de manera concluyente y definitiva: se somete a consideración; también quiero invitarte a contestar algunas preguntas.

¿Qué hace terapeuta a un terapeuta?

No solo la decisión de serlo y autodenominarse así, tampoco un/a psicólogo/a es ya terapeuta.

Por lo menos para ser terapeuta en FundAnita IPS, la persona estudió el pregrado de psicología en una institución educativa debidamente certificada, por lo que nosotros no somos solo terapeutas: somos psicoterapeutas, también esa persona ha realizado estudios de postgrado en el área clínica y de la salud, ha profundizado y se ha especializado en la psicología clínica, tiene entrenamiento y experiencia profesional liderando procesos de cambio con personas que lo necesitan. Y un valor agregado que tienen nuestros terapeutas es que han buscado especializarse y fortalecerse a sí mismos en la esfera más personal, con entrenamientos y estudios específicos como nuestro diplomado “La Persona del Terapeuta”, todos nuestros terapeutas son egresados de éste. ¿Cómo escoges a tu terapeuta?

¿Qué tan importante es la Historia Clínica en un proceso terapéutico?

¡En Colombia es un requisito legal! Además de lo anterior, el manejo de la Historia Clínica es esencial en el desarrollo de un proceso terapéutico, a manera de bitácora, donde se va registrando el camino recorrido, el número de sesiones, los participantes, las hipótesis, los análisis, las anécdotas, cómo va evolucionando el proceso y también resulta ser una estrategia muy útil para tener en cuenta la mayor cantidad de información posible de ese caso cuando el terapeuta aborda diariamente varios. Es una herramienta fundamental para un buen terapeuta, para mí no tiene sentido dejar de llevar una Historia Clínica. Si bien es cierto lo central en el proceso no es la Historia Clínica, sino la persona consultante o la relación establecida en el sistema terapéutico (consultante – terapeuta – supervisor – equipo reflexivo), no podemos dejar pasar lo esencial que es para el proceso. ¿Qué conoces de la normatividad para el ejercicio de la psicología en tu país? 

Además de llevar registro organizado, ¿Cuándo hablamos de un buen terapeuta?

Cuando se ha interesado por formarse, entrenarse y estar listo para ejercer con coherencia y ética. Es un/a profesional que hace seguimiento de sus casos a conciencia, se interesa por tener lecturas y comprensiones responsables de sus casos, asegura su automonitoreo con relación a los casos en los que interviene, se esfuerza por abordar, resignificar, fortalecer su propio sistema de creencias, por el nivel de coherencia en su pensar, sentir y actuar, el buen terapeuta registra la anamnesis, se apropia de un modelo epistemológico y afianza su propio estilo terapéutico, cuenta con claridad conceptual, es puntual, se siente su compromiso. ¿Es lo mismo para ti? ¿Qué haría falta?

¿Cuándo me siento un buen terapeuta?

No se es buen terapeuta solamente frente al consultante, es quizá también la decisión de un estilo de vida, no es fingir o asumir un comportamiento determinado en un consultorio o dentro de un proceso. Creo que no se mide al buen terapeuta por el número de consultas que logra al día o las que logra con un mismo sistema consultante, un buen terapeuta podría movilizar cambios necesarios en una sola sesión, pero también puede facilitar un buen enganche cuando es necesario. Me siento buen terapeuta cuando puedo construir con mis consultantes equipo, también una hipótesis, un objetivo, un plan de acción que nos oriente a todos en el proceso, cuando facilito procesos de desbloqueo en la dinámica relacional del sistema consultante, cuando me descubro teniendo una escucha activa y comprensiva de los consultantes, cuando puedo estructurar una hipótesis coherente que dé respuesta a la funcionalidad del síntoma en el sistema familiar, cuando puedo hacer devoluciones útiles al sistema, cuando logro que mis consultantes me demuestren su gratitud porque sienten que realmente les pude ayudar profesionalmente. Me siento un buen terapeuta cuando logró credibilidad, aún si en principio los consultantes llegan incrédulos. Cuando descubro que logre liderar movilizaciones útiles en mis consultantes y finalmente cuando la magia, el crédito, la responsabilidad del cambio es asumida por ellos. ¿Cómo evalúas tú lo que haces?

¿El buen terapeuta es necesariamente buena persona?

Considero que ser buena persona, además de unas apropiadas habilidades sociales que faciliten la vinculación con otros, una buena persona también es la que genuinamente desea el bien al prójimo, quien ayuda, en quien se puede confiar. Lo que consideramos una mala persona sería lo contrario; aunque no me gusta hablar de “malas personas”, sino personas que cuentan con dificultades que afectan su vinculación con otros.
Yo le puedo caer bien a las personas y esas personas pueden seguir y seguir indefinidamente en un proceso terapéutico conmigo, pero no sé qué tanto podría estar movilizando esa relación a ese sistema consultante, o qué tan “más de lo mismo” podría ser. Es una trampa pensar que solamente una fuerte adherencia, o la dependencia del consultante al terapeuta y al proceso, o que el terapeuta le “siga la corriente” sin cuestionar o confrontar, son sinónimo de un buen proceso terapéutico. El buen terapeuta sabe y se atreve a confrontar, sin ser agresivo, quizá en muchas ocasiones la labor del terapeuta sea decir lo que otros no han querido, no han podido o no se han atrevido a decir y preguntar. 
Una buena persona sabe que la base de toda relación es el respeto, por eso se esfuerza por demostrarlo, cuenta con habilidades sociales que ayudan a llevar relaciones sanas a su alrededor. Cuando un terapeuta es buena persona creo que es capaz de construir y mantener una alianza fuerte y con límites con sus consultantes, hasta el punto de poder expresar con sinceridad y apertura lo que piensa, aun cuando sabe que la persona no lo recibirá de la mejor manera. En general una buena persona ya sabe construir buenas relaciones, lo cual es la herramienta prima para un buen terapeuta.
Creo que hay muy buenos terapeutas que lamentablemente cuentan con dificultades en las habilidades sociales fuera del consultorio o aparte de los procesos que llevan, por lo que podrían ser catalogados como “malas personas”, porque cuentan con egos muy grandes, prepotencia, apatía, distancia emocional, rigidez entre otros, pero que no impide un aceptable ejercicio de la terapia.

En conclusión, pienso que se podría ser buen terapeuta sin ser tan buena persona, pero definitivamente se es mejor terapeuta si se es buena persona. ¿Te crees una buena persona? ¿Y los demás también lo creen?

¿Podría ser que un buen terapeuta tenga un mal manejo de las Historias Clínicas y que un mal terapeuta tenga excelente manejo de las H.C.?

Creo que la primera parte no, contestó con otro cuestionamiento: ¿Cómo podemos esperar que un terapeuta tenga seguimiento y sea coherente con el hilo conductor del proceso cuando no hace un adecuado registro de su actividad en esa bitácora que es la Historia Clínica? En la segunda parte de la pregunta creo que sí, porque el terapeuta podría ser una persona muy organizada, minuciosa, dedicada, pero no es garantía de que cuente con las habilidades sociales necesarias para construir la relación terapéutica, e intelectuales para construir una estrategia apropiada. Quizás un buen terapeuta sabe que puede que no sea el único o el último terapeuta que vaya a tratar a ese sistema y se interesará por dejarle a sus colegas anotaciones útiles, organizadas, que puedan entender, o para sí mismo, en caso de que el sistema consulte años después. Cada terapeuta tiene su propio estilo y tiene énfasis, competencias y habilidades diferentes. 

Esta reflexión puede ser parecida a ¿qué tan importante es la nota para el desarrollo académico de un estudiante?, posiblemente no sea lo más importante, porque lo más importante en sí debe ser la apropiación del aprendizaje y la comprensión por parte del estudiante, pero la nota es un reflejo del proceso y genera una serie de estímulos, sensaciones y maneras de realizar seguimiento a la evolución muy importantes. ¿Cómo te sentirías si tu terapeuta olvida tu nombre, o el problema, o actividades que han realizado?

¿Para qué sirve llevar la Historia Clínica?

Para recordar datos, estructura familiar, entramado relacional, factores estresores, datos útiles del recorrido de los consultantes, para recordar lo que hemos hecho en ese caso, para entendernos con otros profesionales. Llevar la Historia Clínica refleja el respeto hacia el sistema consultante y los otros profesionales que pueden tener contacto con el caso. La Historia Clínica bien llevada nos puede mostrar patrones de relacionamiento y de comportamiento, tanto del sistema consultante como del terapeuta. Institucionalmente nos ha servido hacer auditoría en el manejo de las Historias Clínicas, para visualizar y estimular la evolución en nuestro desempeño individual profesional, como equipo y como institución, nos damos cuenta a partir de esto que vamos evolucionando, mejorando. ¿Qué impresión te deja un equipo de profesionales que se interesa por las Historias Clínicas, ser buenos terapeutas y buenas personas?

Javier Bohórquez
Psicólogo Clínico
Máster en Terapia Familiar Sistémica
Docente "La Persona del Terapeuta"
Equipo FundAnita IPS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

css.php
WhatsApp chat